
Dos de los tratamientos más solicitados en Éthica, y también los más confundidos. Os explico con detalle las diferencias para que podáis elegir con criterio.
En el salón me hacen esta pregunta casi a diario: «Anabel, ¿qué me conviene más, el botox o la keratina?». Y la respuesta siempre es la misma: depende de lo que necesite tu cabello, no de lo que está de moda.
¿Qué es el Botox Capilar?
A diferencia de lo que sugiere el nombre, no tiene nada que ver con la toxina botulínica. El botox capilar es un tratamiento de relleno y regeneración que actúa desde el interior de la fibra capilar. Está formulado con proteínas, aminoácidos, colágeno hidrolizado y antioxidantes que rellenan las zonas porosas y dañadas del cabello.
Es ideal para cabellos secos, quebradizos, con frizz y falta de brillo, pero que mantienen su textura natural. No alisa, sino que devuelve vida, elasticidad y suavidad.
¿Qué es la Keratina?
La keratina es una proteína que ya está presente de forma natural en nuestro cabello. El tratamiento de keratina aporta una dosis extra de esta proteína en la superficie del cabello, sellando la cutícula y, como resultado, reduciendo considerablemente el volumen y el encrespamiento.
Es perfecta para cabellos muy encrespados, con mucho volumen difícil de manejar o para quienes quieren reducir el tiempo de secado. Tiene un efecto alisador moderado o intenso, según la fórmula utilizada.
💛 Mi consejo profesional: Si tu cabello está dañado pero no quieres cambiar su textura, elige botox. Si lo que buscas es dominar el frizz y simplificar tu rutina, la keratina es tu aliada. En Éthica hacemos siempre un diagnóstico previo para recomendarte la opción adecuada.
¿Se pueden combinar?
En muchos casos, sí. Primero aplicamos el botox para recuperar la estructura del cabello y, en una visita posterior, la keratina para sellar y aportar ese acabado sedoso. Es lo que llamamos un plan de rescate capilar.
Duración y mantenimiento
El botox capilar dura entre 4 y 8 semanas, mientras que una buena keratina puede mantenerse entre 3 y 5 meses con el champú adecuado (siempre sin sulfatos). El cuidado en casa marca la diferencia.
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